Su obra, eminentemente narrativa y critica, nos permite ver los distintos procesos de la condición humana sometida al juicio y análisis del pintor, y a su particular visión de lo social, en donde las notas de humor y su inteligente visión , nos muestran lo que somos en la urbe; -hogar-monstruo- que pesa sobre nuestras conciencias y nuestros hombros.
Llevando su discurso visual a dimensiones simbólicas y a referencias concretas de nuestra vida en la urbe, nos enseña en forma narrativa, los distintos personajes y situaciones que acompañan el denso peso de la cotidianidad cargada de cargas, dolorosas, absurdas, irónicas, injustas; como sellos sobre un espejo de humor irreverente que se alía con la marginalidad y la reconoce compasivamente y con complicidad.
Esta muestra nos entrega a un pintor joven talentoso y maduro en su proceso, y a un eximio ejecutor de sus historias visuales , quien con maestría en la ejecución de sus formas nos introduce dentro de un realismo expresionista y narrativo, instalado en el mundo de la urbe.
“Cargar”nos muestra la ejecución de diversas fases de producción del artista y enmarca la exposición en un happening, que tiene la fuerza de un aliado a la locura y vorágine de nuestra cultura popular urbana; exhibiendo sus reinventados personajes en donde cada uno muestra su presencia y su discurso; su memoria y sus distintas cargas existenciales.
En esta muestra se nos presentan las visiones densas y fuertes de personajes alucinados a quienes Gabriel Alayza reivindica en su inocencia y los carga y se hace cargo de ellos cargando sus realidades.
Lo que aparece esta vez en la Sala de “Forum “ es una gran escenografía y radiografía de la conmovedora vida urbana que por un lado nos desafía y nos interpela, y por otro, nos muestra con piedad alucinada el reclamo de su inocencia y su necesidad.
La gran performance que se plantea para el día de esta inauguración no es otra cosa que un acto ritual conmovedor y fuerte, con carácter de epopeya y locura, ante la cual no podemos quedar jamás indiferentes.
La potencia lúdica de Gabriel Alayza, es solo comparable a su destreza artistica desde donde emerge como un gran grito de horror alucinado y compasiva inocencia simultáneamente. Una carga de honestidad recorre la muestra, una verdad dicha sin ambages, y dentro de esta verdad se acompañan los pasos que cargan junto al pintor, las escenas y pasajes de nuestra propia existencia.
El pintor carga el peso de su propia obra, carga la existencia propia y la recorrida también por las multitudes que pueblan nuestro teatro del mundo en el paisaje urbano que las contiene. Simbólicamente es un cargador del mundo; un atlas urbano en el cotidiano ritual de sostener la vida a pesar de todo.
Lima 4 de octubre del 2007













